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Pintadas en un paredón hechas por integrantes de alguna agrupación política, con pincel y balde de pintura en mano. Graffitis reivindicando derechos sociales en una persiana que estrena una prolija pintura color cremita. Esténciles en la pared de un edificio que un transeúnte poco prevenido se detiene a mirar. Frases ensayadas con un marcador escolar. Murales bien pensados, de esos que embellecen el paredón de un terreno baldío y ofrecen una imagen con composición y buena técnica, digna de estar en el cuadro de cualquier living. ¿Pero por qué está ahí, en la vía pública, y no en una cómoda pared interior cual obra de arte?

Parte de la respuesta a esta pregunta tiene que ver con el modo en que el poder circula en la sociedad. Las fotografías que se documentan en Ciudad Pintada muestran expresiones que desafían los modos convencionales y permitidos de manifestarse. La mayoría de ellas fueron tomadas en superficies –paredes de casas, edificios, establecimientos públicos o privados, bancos, mesas, tachos de basura, cartelería urbana- que no están pensadas para soportar esas cargas de sentido.

Se trata de discursos ejercidos por quienes no pueden o simplemente no quieren acceder a la palabra considerada civilizada: tomar un micrófono en un acto, escribir un e-mail, publicar un boletín o llamar a una radio. De lo contrario, salen con un aerosol y escriben. Lo que para algunos es ensuciar la ciudad, para ellos es manifestarse.

La otra dimensión que aborda Ciudad Pintada es el hecho que motiva la expresión en sí misma. Las imágenes elegidas opinan, creen, toman posición acerca de determinado acontecimiento que adquiere relevancia pública en un momento histórico y genera conflicto. Mediante las breves líneas que acompañan a cada foto se busca entonces contextualizar su eje espacio – temporal.

Ciudad Pintada es un espacio que tiene como fin documentar los modos en que, en el paisaje urbano, las paredes se convierten en lugares privilegiados a la hora de expresar las tensiones que atraviesan a una sociedad.